Slimy mollusc

August 6, 2004

It feels good to be a slimy mollusc already after only signing up for the TTLB Ecosystem yesterday.


la poesía ecléctica de Quintana

August 6, 2004

Manuel José Quintana merece ser considerado uno de los escritores más influyentes de la Ilustración española. Su teatro, prosa y poesía se dirige directamente a la sociedad para propagar una crítica muy potente al sistema irracional y despótica de su tiempo. Se murió (1857) como último de la generación de los escritores ilustrados neoclásicos que incluye a Torres Villaroel, Moratín, Jovellanos, Menéndez Valdés, etc. Eso significa que no solamente sobrevivió a los otros escritores de este movimiento, sino que vio también el movimiento de la literatura romántica antes de morir. De veras hay características románticas en su obra, aunque su filosofía es muy ilustrada. La poesía ilustrada de Quintana se asemeja a poesía romántica por una mezcla de elementos ilustrados y románticos. Por ejemplo, la poesía de Quintana demuestra un idealismo absoluto en que él expresa su fe en el destino universal del hombre a ser libre—un principio muy ilustrado. También, la crítica ilustrada—o sea fundada en la capacidad analítica de la razón humana—de la opresión política y intelectual de los reyes despóticos en la historia de España, sobre todo Carlos V y Felipe II, se parece a la énfasis que el movimiento romántico pone en motivos nacionales en vez de temas y eventos clásicos como era típico en la ilustración neoclásica.

Quintana demuestra claramente principios idealistas en su poema “A la invención de la imprenta.” Quintana se aprovecha de lenguaje muy fuerte en esta oda que le hace capaz de hacer una crítica profunda de los abusos del poder que la sociedad española había sufrido tras siglos de opresión bajo la familia real y la Inquisición. Las imágenes, los símbolos y conceptos que incluye Quintana en este poema revelan su pasión para la libertad del pensamiento: son metáforas de la Ilustración.

La libertad del hombre es el tema central de ese poema. Quintana no solamente deifica a Guttemberg con estas líneas, sino que subraya la capacidad del hombre de pensar por si mismo con su uso de ciertas palabras. Escribe, “Mente ambiciosa, vuélvete al hombre.” (Manuel José Quintana, “A la invención de la emprenta,” Poesía del siglo XVIII. Edición de John H. R. Polt. [Madrid: Clásicos Castalia, 1995], 363, líneas 124-25.). Como respuesta a su suplicación la mente vuelve y se queja “furiosa” de los abusos que observa en esta sociedad, específicamente de la “tiranía” (línea 129). Los déspotas reaccionan contra esas quejas con su opresión típica. El intercambio entre la mente y la tiranía nos conduce en la próxima estrofa a la conceptualización de la libertad del pensamiento y–derivada de ésta–de la autonomía del hombre en símbolos y imágenes ilustrados.

Parece que usa estos símbolos para apoyar al concepto del albedrío. El corazón sí quiere hallar la verdad, pero no puede cuando una institución como la Inquisición la impone sobre el individuo: “En su amor anhelante/ mi corazón extático la adora,/ mi espíritu la ve, mis pies la siguen./ No: ni el hierro ni el fuego amenazante/ posible es ya que a vacilar me obliguen” (líneas 141-45). Aquí propone Quintana que no se debe vacilar de la verdad frente a la Inquisición o la opinión de los reyes. Hay que encontrar la verdad y seguirla con sus propios pies. A causa del derecho natural de la humanidad, todos son libres en su movimiento físico y intelectual. Creer de acuerdo con su propia persuasión es una concepción ilustrada en si. Además, demuestra el idealismo ilustrado de Quintana que también parecería a lo ideal intocable del romanticismo, excepto que la humanidad pudiera lograr lo ideal de Quintana por la aplicación de la razón. Luego continua usando los pies como metáfora del movimiento intelectual: se pregunta, “¿Soy dueño, por ventura,/ de volver el pie atrás?” (líneas 146-47). Eso no debe suceder, porque una vez que el hombre haya progresado a una nivel más alta, sería un insulto contra la inteligencia retroceder hasta la nivel anterior. Entonces proclama en la próxima estrofa: “El hombre es libre” (línea 158). La imprenta de Guttemberg servió a la humanidad como método de libertarse del cautiverio intelectual. La gente no habría salido nunca, tal vez, de la esclavitud de la hegemonía si alguien no hubiera hecho posible que las ideas de los pensadores tocaran la mente de la gente. Por eso Quintana discute la importancia de la razón en este discurso: “El hombre es libre” suena de la razón humana.

Salir de la esclavitud intelectual por regirse por la razón significa para Quintana llegar a la cima del monte para ver el destino universal de la humanidad más claramente que durante los siglos de la oscuridad. La cima funciona aquí junto con el velo como ejemplos adicionales de imágenes ilustradas en este poema. Escribe, “Desde esta cima/ miro al destino las ferradas puertas/ de su alcázar abrir, el denso velo/ de los siglos romperse, y descubrirse/ cuanto será” (líneas 176-81). Si se permitan las personas usar la razón para guiarse, tendrán un futuro alegre.

Las dos cosas que podrían impedir que la humanidad progresara, según Quintana en este poema, son la ambición y la guerra, que son ambos irracionales y productos de la opresión. Las compara con la peste en la próxima estrofa. Esta comparación cabe bien, porque la peste, como estas dos debilidades del ser humano, entra en un individuo sin que éste se dé cuenta de lo que pasa. Entonces, la ambición y la guerra son capaces de destruir la libertad del hombre, y es posible que eso suceda sin que una sociedad lo reconozca con bastante tiempo para eliminarlas. La remedia es que todos se recuerden que son iguales (línea 188). Otro concepto ilustrado que se demuestra en estas líneas es esta igualdad:

No hay ya, qué gloria!, esclavos ni tiranos;
que amor y paz el universo llenan,
amor y paz por dondequier respiran,
amor y paz sus ámbitos resuenan. (líneas 191-94)

La ausencia de la ambición y la guerra invita amor, paz y igualdad para todos. Eso fue sí muy progresivo durante los días de Quintana porque la autonomía individual y su igualdad no eran conceptos que cabían dentro del sistema monárquico absoluto. La repetición de las palabras “amor y paz” tres veces nos deja casi como una bendición o una incantación como si orara para la implementación de estas ideales y parece casi romántica, tal vez de veras prerromántica. Por estas últimas imágenes se nota que aunque Quintana critica muy fuerte la tiranía y la opresión, no es cínico, sino ve el futuro con el optimismo confiando en que la razón humana se pueda regir algún día.

Escribiré más tarde sobre los elementos románticos de su poesía, que sabe juntar lo clásico y lo romántico a la misma vez en su estilo ecléctico.


An English Explanation for that German Post on Headscarves and Pluralism in Germany

August 5, 2004

My last post refers to the headscarf debate as it is playing out in Germany. Recently, three German federal states (Bundesländer) have enacted legislation forbidding teachers from wearing headscarves while teaching school. This came as a result of the landmark Headscarf Decision of the German Federal Constitutional Court (Bundesverfassungsgericht–Germany’s highest court on constitutional matters. The court found that the administrative regulation in the case prohibiting Muslim teachers from wearing a headscarf while teaching was unconstitutional because such a question bearing directly on both the right to religious freedom and the right to employment needed to be decided by a democratically elected legislature. So the court gave with one hand while taking with the other: the court upheld the woman’s constitutional right of religious freedom in wearing the headscarf, but only on the ground that there was not a sufficient legal basis in state law to support such a regulation. So the states were free to create such a regulation. Immediately after the decision, a majority of German Bundesländer had proposed such legislation, and now at least three states have banned the headscarf under specific state law.

Personally, I think that it is a severe restriction of religious freedom for the state to outlaw wearing a headscarf in public places. It forces the individual who desires to live according to her religion to choose between her faith and going to school or working, etc. Forcing such a decision is not neutrality but rather hostility towards religion or its expression.

I applaud the Bundesverfassungsgericht for noting that restricting a teacher from wearing a headscarf is an unjustifiable limitation of Art. 4 of the Grundgesetz (Germany’s Basic Law or Constitution) and that article’s guarantee of the freedom to manifest one’s religion without interference from the state. But there are problems with this decision. As noted, the Bundesverfassungsgericht said that the prohibition on wearing a headscarf only violated the teacher’s right to religious freedom because an administrative body created the restriction, rather than a state legislature. The court then said that if the state legislatures create the “missing legal basis” for the prohibition on wearing a headscarf while teaching school, then this might be constitutionally justifiable based on the students’ negative right to religious freedom not to be confronted by a teacher wearing a headscarf “without meaningful opportunity to evade such contact.” The court declared in paragraph 47 that it was within state competencies to create a prohibition through the democratic process:

Das unvermeidliche Spannungsverhältnis zwischen positiver Glaubensfreiheit eines Lehrers einerseits und der staatlichen Pflicht zu weltanschaulich-religiöser Neutralität, dem Erziehungsrecht der Eltern sowie der negativen Glaubensfreiheit der Schüler andererseits unter Berücksichtigung des Toleranzgebots zu lösen, obliegt dem demokratischen Landesgesetzgeber, der im öffentlichen Willensbildungsprozess einen für alle zumutbaren Kompromiss zu suchen hat. . . . Dies schließt ein, dass die einzelnen Länder zu verschiedenen Regelungen kommen können, weil bei dem zu findenden Mittelweg auch Schultraditionen, die konfessionelle Zusammensetzung der Bevölkerung und ihre mehr oder weniger starke religiöse Verwurzelung berücksichtigt werden dürfen.

Additionally–and I think even more usefully–the prohibition violated Article 33, para. 2 of the Basic Law, which guarantees employment free of discrimination based on religion. See Headscarf Decision, para. 30 and paras. 30-35. Essentially, the teacher subjected to this prohibition on wearing a headscarf is forced to choose between working and living according to her religion. Headscarf Decision, para. 36.

In other words, the court took the easy way out by sending the question back to the state legislatures. This was unfortunate because even if the states create a “sufficiently clear legal basis” it does not change the fact that such a prohibition violates both Art. 4 of the Basic Law and Art. 33 of the Basic Law–it just provides an excuse to do so.

The state would be much better off by celebrating the religious pluralism that is found there rather than protecting citizens against it. To be truly neutral, the state cannot prohibit a teacher from wearing a headscarf while teaching. Such an individual choice by the teacher cannot be attributed to the state. That is to say that by allowing a teacher to wear a headscarf, the state is not endorsing Islam. Such a notion is absurd. Rather, the state is allowing religious freedom to flourish without promoting any one religion over another.

As for the students in the class, the teachers decision to wear the headscarf does not harm the students in any way. Rather, it teaches them that their country protects religious freedom and confronts them with religious pluralism in a very natural way (that is, outside any questionable seminars given by the school about “neue religiöse Bewegungen” or Muslims or whatever). The school should count itself lucky that such an opportunity for a true life-lesson about religious pluralism exists.

The Germans want to maintain neutrality, but they are promoting state-sponsored religious hostility instead. I thought it was great that so many Muslim women in Germany, France, the UK, and in the Middle East protested the planned legislation and demanded their right to live according to their religion without such intrusive and paternalistic state intervention.


Kopftuch und Pluralismus in Deutschland

August 4, 2004
Ich habe mir sehr oft Gedanken darüber gemacht, ob der Staat rechtfertigt ist, Beamten ihre Rechte auf die Freiheit der Religion zu untersagen, um einem Prinzip wie dem Neutralitätsprinzip des Grundgesetzes treu zu bleiben. Diese Gedanken führen mich immer zu verwandten Fragen: um “neutral” zu sein, muss der Staat der Religion feindlich gegenüber begegnen? Oder anders gesagt, muss der Staat, nur weil er neutral bleiben möchte, von seinen Beamten fordern, sie seien ohne Religion? Oder bedeutet die Neutralität vielmehr, dass der Staat keine einzige Religion über andere Religionen offiziell fördert–oder sogar zum Schaden einiger Religionen im Interesse einer vom Staat vorgezogenen Religion?

Obwohl es gesagt werden kann, eine Lehrerin, weil sie “Beamtin” sei, vertrete auf einer Weise den Staat, ist sie aber trotzdem kein Roboter geworden, weil sie vom Staat angestellt worden ist. Vielmehr bleibt sie eine menschliche Person mit allen dazu gehörigen Rechten. Dieses Prinzip sollte dem Staat keinen Angst einjagen. Ich verstehe doch nicht warum der Pluralismus als Bedrohung angesehen wird. Eine Hamburger Schriftstellerin, Barbara Vinken, hat es sehr gut zum Ausdruck gebracht, als sie bezüglich des Kopftuchstreits sagte, “weder ist ein Staat schwanger noch trägt er Mini, wenn eine Lehrerin dies ist oder tut”. Sicher ist das ein höhnischer Ausdruck, doch steht was Interessantes drin. Mit anderen Worten, die persönliche Wahl einer Lehrerin, das Kopftuch zu tragen, ist nicht auf den Staat übertragbar. Wenn die Lehrerin meint, das Kopftuchtragen sei von ihrer Religion gefordert, heiße das überhaupt nicht, der Staat bevorzuge den Islam. Man mag das Argument vorbringen, der Staat sei nicht erlaubt, laut des Kruzifix-Urteils des Bundesverfassungsgerichts (93 BVerfGE 1, 16. Mai 1995), Kruzifixe in staatlichen Lehrsäulen hängen zu lassen. Also dürfe eine muslimische Lehrerin das Kopftuch nicht tragen.

Doch finde ich, dieses Argument sei verfehlt. Das Hängen eines Kruzifixes in einem staatlichen Klassenzimmer ist doch ein positiver Akt des Staates. Man kann kaum darauf bestehen, der Staat bevorzuge den christlichen Glauben nicht, indem er das Hängen von Kruzifixen in Klassenzimmern anordnet. Durch diesen positiven Akt des Staates fördert er auf eine positive Weise eine Religion unter Ausschluss anderer. Wenn aber eine Lehrerin die persönliche Entscheidung trifft, ein Kopftuch zu tragen, ist das doch kein Akt des Staates, sondern eine persönliche Wahl der Lehrerin. Wenn der Staat das Tragen eines Kopftuches von Lehrerinnen duldet, heisst das nicht, dass er den Islam bevorzuge, sondern das heisst, dass er den religiösen Pluralismus fördere. Wenn die Lehrerin ein Kopftuch trägt, trägt der Staat doch kein Kopftuch (aber der Staat hängt doch die Kruzifixe im Klassenzimmer, also sollte das im Interesse des Neutralitätsprinzips untersagt werden).

Man mag argumentieren, die Kinder hätten keine Ausweichsmöglichkeiten, also sollte eine Lehrerin nicht erlaubt werden, ein Kopftuch während des Unterrichts zu tragen. Kinder sollten gefährlichen oder ungewünschten Einflüssen entgehen können, sonst können Solche den Kindern irgendwie schaden. Anscheinend befürchten manche Eltern, die Kinder werden sich zum Islam bekehren wollen, wenn sie ständig und ohne Ausweichsmöglichkeiten von einer kopftuchtragenden Lehrerin konfrontiert werden. Weil Eltern ausdrücklich das Erziehungsrecht genießen–und ich finde das vollkommen in Ordnung–verstehe ich diese den Eltern besonders naheliegenden Bedenken.

Doch bin ich der Meinung, dass diese Bedenken unbegründet seien. Vielmehr werden Kinder, die täglich eine kopftuchtragende Lehrerin sehen, etwas wichtiges über die Toleranz und den religiösen Pluralismus lernen. Wenn sie selber nicht Muslime sind, werden sie erfahren, dass andere Leute andere religiösen Einstellungen haben (natürlich aber darf die Lehrerin nicht während des Unterrichts über die Prinzipien des Islams sprechen, es sei denn es komme im Rahmen eines formellen Religionsunterrichts, der nicht nur den Islam sondern auch die anderen Weltreligionen umfaße, wie es in den Schulen vieler Staaten schon üblich ist).

Noch wichtiger werden Kinder lernen, dass der Staat in dem sie leben, den Pluralismus als hohen Wert ansieht, erlaubt, und sogar fördert. Eine solche Lektion wäre nützlicher und wichtiger, meiner Meinung nach, als ganze Vorlesungen über religiöse Toleranz und den Pluralismus. Die Kinder, die sowas auf dieser Weise gelernt haben, dürfen mit Recht stolz auf ihrem Land sein, denn es wird ein Land des Pluralismus sein, wo Leute frei sind, nach den Prinzipien ihrer jeweiligen Religionen zu leben, und wo Leute nicht vor die Wahl gestellt werden, entweder zu arbeiten oder gemäß ihrem (religiösen) Gewissen zu handeln.

Also bin ich der Meinung, dass Lehrerinnen für die oben angeführten Gründe Kopftücher während des Unterrichts sollten tragen dürfen. Ich finde, dass das den Pluralismus fördert, ohne irgendjemandem zu schaden, und ohne eine bestimmte Religion zu unterstützen: christliche Lehrer(innen) dürfen weiterhin ihre Kreuze tragen, Juden dürfen ihre Kippas tragen, Sikhs dürfen ihre Turbane tragen, und Atheisten dürfen gar nichts tragen (d.h. keine religiösen Hinweise), ohne vom Staat gescholten zu werden, denn der Staat fördert keine Religion, und untersagt nicht die religiöse Freiheit seiner Bürger. Ich wollte mich darauf einlassen, denn ich finde, dass der Kopftuchstreit sich um die Freiheit der Religion, die Trennung von Kirche und Staat, und die staatliche Neutralität (oder besser gesagt, die staatliche Feindstellung gegenüber der Religion? Das läßt sich noch sehen) dreht.


Hansel and Gretel and the Huuuuuge Elephant

August 3, 2004

My wife Allison informed me today that if our kids aren’t considered “socialized” by the public school system or by other state organs, it won’t be because they didn’t watch Sesame Street or Mr. Roger’s Neighborhood, but rather–it will be my fault.

Let me explain. I tend to tell the girls creative versions of the well known fairy tales. So, to my wife’s surprise the other day, my oldest daughter began telling her the story of “Hansel and Gretel and the Witch Princess,” which was my latest concoction. I just thought it made more sense to include a Witch Princess who was the daughter of the Witch King of Agmar (Lord of the Rings) and the White Witch (Chronicles of Narnia). My daughter loved it and won’t even listen to the original Hansel and Gretel anymore. Instead, she either insists on hearing about the Witch Princess or makes up her own version.

My wife and I had a laugh when she told us her own version over lunch: “Hansel and Gretel and the Huuuuuge Elephant,” set in a humid Indian jungle rather than a deep dark Germanic forest. The newcomer to the story was of course Colonel Hathi of Jungle Book fame. He tramped around and knocked on the door of the Seven Dwarfs’ cottage (where Hansel and Gretel were staying with Snow White) and they all galloped away with Bambi at the end of the story. There might not be much didactic value to her story (or my fairy tale distortions for that matter) as there is supposed to be with the Grimms’ fairy tales, but they sure are fun.

But I can see Allison’s point. If, hypothetically speaking, my daughters are asked in school to relate one of these fairy tales, and they tell instead one of their creations, I can see how the public school administrators might just be giving me a call and telling me to sit them down in front of Sesame Street instead.


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